Li Tian-lu 李天祿, el maestro de marionetas

Protagonista de la cultura contemporánea taiwanesa, Li es la imagen de una de las artes con más tradición en la isla, las marionetas.

Socarrón, hablador y con un eterno cigarrillo entre sus dedos. Así era Li Tian-lu, el maestro de marionetas que entretuvo a miles de taiwaneses hasta su muerte a los 87 años de edad, en 1998. La vida de Li resulta una metáfora en carne viva del complejo siglo XX a este lado del estrecho.

Li nació en Taipéi en 1910, durante los años de ocupación japonesa en la isla. Desde muy pronto se estableció como un referente de la tradición de marionetas chinas en Taiwán. Con el comienzo de la segunda guerra sino-japonesa en 1937, el gobierno nipón en la ínsula decidió prohibir la tradicional ópera china y los espectáculos de marionetas, por lo que Li tuvo que abandonar por un tiempo su trabajo y dedicarse a otros menesteres.

El maestro Li haciendo de las suyas

Tras el final de la guerra el maestro volvió a recuperar sus marionetas y aumentó su popularidad de manera exponencial. Con la llegada de la televisión a Taiwán, sus espectáculos comenzaron a ser televisados, lo que acrecentó su fama todavía más.

Li se convirtió a su vejez en un actor habitual de las películas del director taiwanés Hou Hsiao-Hsien. En Ciudad doliente (1989) interpretó al patriarca de una familia que se veía envuelta en los terribles acontecimientos del ‘terror blanco’, la represión llevada a cabo por el gobierno nacionalista llegado desde China continental. En 1993 Hou realizó un film en el que contaba la vida de Li, El maestro de marionetas. La película relata el convulso siglo XX en la isla oriental a través de este personaje que no pierde la esperanza a pesar de las dificultades.

Poco antes de su muerte, en 1996, se abrió en Nuevo Taipéi un museo dedicado a su figura y su legado. A finales de los 70 su maestría comenzó a ser admirada más allá de las fronteras de su Taiwán natal. Viajó varias veces a Francia, donde llevó a cabo varias actuaciones tanto para el mundo académico como para el gran público.

El maestro de marionetas se marchó en antes de que acabara el siglo, dejando una herencia inmaterial de incalculable valor a Taiwán. Sus manos ya no se mueven, pero los hilos sí.

Texto: Daniel García 丹倪 / Ilustración: Stellina Chen 陳筱涵

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